El arte de especular

2 07 2016

Es paradójico que cuando estalló la burbuja económica e inmobiliaria mundial, la especulación sostenida sobre el arte contemporáneo de grandes y famosos “artistitas” súper cotizados como Damien Hirst, Jeff Koons, Andy Warhool y otros pocos continuaba y aumentaba la burbuja disparatada de sus cotizaciones y, sin embargo, los artistas modestos no conocidos a estos niveles empezaron a pasarlo muy mal, porque no conseguían vender sus obras. Todo esto obedece a varias razones, como que unos cuantos millonarios idiotas gastaban un dinero obtenido fácilmente y se invertía en arte contemporáneo, más por amor a las plusvalías que pensaban obtener que por verdadero amor al arte, y por añadidura, la mayor parte de estas obras muy cuestionables desde el punto de vista artístico, y cuyas cotizaciones en subastas como la de la casa Sotheby’s estaban con frecuencia manipuladas y sobrevaloradas con pujas promovidas por propietarios de obras de estos autores que no querían ver cómo descendían las cotizaciones de sus obras. Se comenta que de los miles de serigrafías de Andy Warhool, un tal Mugrabi controlaba los precios al poseer alrededor del 9 % de su obra, con lo cual, como los accionistas mayoritarios, tenía en su mano el controlar el mercado (por cierto, Warhool decía que hacer dinero es arte, pero todo empezó a cambiar el 17/10/2008, día en que Sothteby’s tuvo una jornada catastrófica de ventas, y ese año declaró pérdidas de 83 millones de dólares).

Esto es una manifestación de lo prostituido y manipulado que está el mundo del arte contemporáneo, pues el arte clásico no puede cambiar de manos tan fácilmente y raramente se ve a grandes firmas envueltas en esta especulación desbordante. Los culpables son las grandes galerías como White Cube, marchantes elitistas, especuladores millonarios y una avaricia nauseabunda que ha ido encumbrando a unos señores que no tienen una obra que ni de lejos valga las cantidades por las que compran. El mérito y la suerte es haber conseguido meterse en ese mundo de mercantilismo y marketing sofisticado para hacerse multimillonarios. Creo que Warhool tenía razón en lo citado anteriormente.

Todas las burbujas terminan por estallar y esta no será una excepción.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de junio de 2016 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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El desquiciado concepto actual de arte

25 10 2015

Hay mucha gente, especialmente ricos esnobs que atribuyen gran mérito artístico a aquello que alcanza mucha popularidad y prohibitivas cotizaciones, debidas a un estudiado proceso de marketing y puesta en escena totalmente teatralizada y falsa, atribuyéndole a esas “cosas” unos valores añadidos tan falsos como intangibles. Sirvan de ejemplo dos de los más cotizados “fenómenos artísticos”.

Jeff Koons, estadounidense caracterizado por un uso reiterado del kitsch y gran monumentalidad en sus obras (kitsch: estética pretenciosa, cursi y de mal gusto o pasada de moda; se le supone una degradación de lo artístico que procura interpretaciones fáciles), tiene influencias de Andy Warhol, Marcel Duchamp y Dalí entre otros. Sus cotizaciones son astronómicas, tanto como estrambóticas son sus obras.

Otro ejemplo claro de que no van parejas las cotizaciones con el arte que pudieran encerrar esas obras es Damián Hirst, con claras influencias de Jeff Koons, Andy Warhol, Francis Bacon y, cómo no, el conspicuo Marcel Duchamp (alargada y negativa influencia la de este hombre, que lo que pretendía en su momento era reírse de los críticos, y aquellos “pobres listos” lo tomaron en serio). Hirst, para el que no lo recuerde, es el que gusta de presentarnos cadáveres metidos en formol, y otras macabras lindezas, algunas de las cuales se le han descompuesto al poco de venderlas por cifras prohibitivas.

Los dos lo que persiguen es el dinero y nada más, al igual que Warhol, que tenía una factoría con muchos empleados. Koons tiene 160 empleados y Damian Hirst también tiene una legión de trabajadores a su cargo.

El mérito que les atribuyo es haber conseguido embaucar a tanta gente.

Ya son muchos los expertos en arte que se preguntan si cuando pasen unos decenios las cotizaciones de esta desorbitada burbuja artística se mantendrá.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de noviembre de 2015 de la Asociación de Artistas Alicantinos)