Menos esnobismo y más objetividad

14 06 2018

Sabido es que los franceses con su chauvinismo siempre vendieron hipervalorando su arte, posteriormente cuando el centro del arte mundial se trasladó a Nueva York, todo lo que triunfa allí, tiene el éxito asegurado a nivel mundial, y conocidas son las manipulaciones del marketing y sus espurias artimañas, que a veces sólo se sustentan en una epistemología muy tergiversada, falsa y demagógica, apoyada por alguien que ya goza de un prestigio en el mundo del arte.

Y por el contrario, si de algo hemos pecado en general los españoles y ciertos sectores de la intelectualidad y del mundo de las artes, y por ende defecto contagiado al pueblo hispano, ha sido un contagio de un exceso de valoración de lo foráneo e infravaloración de lo autóctono, todos podríamos citar multitud de ejemplos.

La R.A.E. define al snob como persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc. de aquellos a quienes consideran distinguidos, y el exceso de influencia que causan en multitud de personas, curadores, críticos, galeristas y público distinguido por su afición artística, es exagerado, consiguiendo un mimetismo en el pensamiento y en las valoraciones de ciertos artistas, que algunos son simplemente un bluff, privando a muchos agentes culturales de un criterio propio y objetivo, al margen de un pensamiento único, que a veces puede resultar políticamente incorrecto, al no coincidir con los grandes prebostes del arte.

El origen de la palabra snob es una contracción de la frase latina “sine nobilitate” (sin nobleza).

Es decir que al actuar con exceso de snobismo no actuamos noblemente y ateniéndonos a la objetividad que haga justicia a lo que sometemos a un juicio crítico, que esté en correspondencia con el valor intrínseco artístico, de lo cual estamos opinando.

Y este gran defecto, está cada vez más extendido entre las personas influyentes en el mundo del arte, resultado de una intoxicación por parte de otros a los que atribuyen una credibilidad indiscutible, como si fueran infalibles por su status social dentro del mundo del arte, y les aseguro que no es siempre así por razones varias y discutibles.

Pedro Ortiz Olivas

(Editorial del mes de noviembre de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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Comentarios a raíz de la publicación del escrito de Jesús Saorin

14 06 2018

En términos generales no le falta razón al amigo, compañero y gran artista Jesús Saorin, entonces sin ánimo de ser exhaustivo, si me gustaría hacer algunos comentarios a su escrito, en el fondo bien enfocado y diciendo verdades como puños, pero me parece conveniente hacer algunas matizaciones sobre el espinoso y controvertido mundo del arte y su estado actual.

Plantea, el amigo Saorin ¿qué es arte?. Gran pregunta sobre todo en los tiempos actuales, en los que los prebostes del arte, han dado carta de naturaleza a cualquier patochada, ocurrencia o para decirlo sin ambages, basura desechable apoyada en un poderoso marketing, pero ya no estamos hablando de arte, como se ha venido haciendo desde hace siglos, sino de mercancías con fuerte poder especulativo, destinado a multimillonarios snobs, que no persiguen el placer de poseer algo bello, sino la de algo que puede generarles fuertes plusvalías, está claro que ya hablamos de una tergiversada y prostituida visión del arte, alguno ya ha perdido gran cantidad de dinero con estas ocurrencias, paradigmáticos ejemplos de este tipo de performances son los cotizadísimos Damian Hirst y Jeff Koons.

Hasta principios del siglo XX, el arte fue evolucionando de forma moderada, aunque siempre discutida, por los más ortodoxos críticos o entendidos de cada momento, pero los nuevos ismos fueron aceptados rápidamente y su reconocimiento y aceptación popular fue internacional y perdura en el tiempo, como fue el impresionismo, que tan profundamente caló en todos los estratos sociales, incluidos gente con escasos conocimientos artísticos, y la razón es bien sencilla y está de acuerdo con el concepto del arte que se tenía durante siglos, el arte es algo bello, que el artista ha plasmado de tal manera la realidad o la naturaleza, que lo plasmado nos trasmite unas emociones y sensibilidad mayor que si viéramos en la realidad lo plasmado, pues con la pintura no se plasma solamente un paisaje, una figura o unos objetos o naturalezas muertas, sino que con la manera de plasmarlos, podemos ver si el espectador es avezado, algo de la personalidad del autor, de su estado anímico y de su personalidad, porque un buen cuadro, para tener calidad, debe trasmitirnos emociones, aunque puedan ser de muy distinto cariz, pero no dejarnos impasibles, porque en tal caso, la obra no cumple con la principal premisa que debe tener toda obra de arte, que es la de establecer un dialogo o comunicación con el espectador.

Naturalmente lo anteriormente expuesto es mucho más fácil y asequible para el gran público y las personas menos cultivadas en cuestiones artísticas, con la pintura figurativa o realista, con las vanguardias y la abstracción el tema es mucho más dificultoso, requiere de una maduración de sensibilidades, información, lecturas y un bagaje cultural, para despertar otras sensibilidades y a la vez, saber distinguir muy bien que vale y que es un camelo, obra de un diletante oportunista, los cuales abundan y se esconden y acomodan en las vanguardias, porque en esas manifestaciones plásticas, aunque se tengan fuertes carencias de oficio artístico, pero con buenos padrinos es relativamente fácil colar gato por liebre, especialmente para los menos avezados, de ahí la gran importancia de estar muy bien informado de toda la historia del arte, de las circunstancias que han rodeado cada nuevo movimiento o ismo, e incluso de la particular peripecia vital, de los artistas más prominentes de cada época o de cada ismo nuevo, para poder discutir y rebatir con propiedad y autoridad con los muy variados

Prebostes y personajes que a veces han encumbrado a artistas que no se lo merecían tanto, en detrimento de otros, que se perdieron en el ostracismo por carecer de los elogiosos y demagógicos argumentos en defensa de determinados artistas, y esto ocurre ahora y ocurrió en el pasado, pues los intereses espurios de los críticos no es algo nuevo, y por desgracia hay muchos colegas y amantes del arte, que por el simple hecho de estar en los libros de historia, conceden un marchamo de calidad y un status artístico totalmente injusto, bien es verdad que para gustos los colores, y que si hay algo verdaderamente subjetivo es la crítica de arte.

Fue a principios del siglo XX cuando se dieron una sucesión de revoluciones artísticas, que dieron el pistoletazo de salida hacia nuevas formas de expresión y que en muchos casos constituyen la génesis, el origen y la influencia de una degeneración del arte, que ha llegado hasta nuestros días, en un ambiente de eclecticismo total, en el cual todo vale, avalado por los sabiondos, ciertos gestores culturales, comisarios o curadores, galeristas, críticos y hasta políticos sin los conocimientos pertinentes, para desempeñar con propiedad y conocimiento de causa una labor cultural coherente.

Gran parte de la gente cree, que el gran revolucionario fue Picasso y sin quitarle su importancia histórica. Ha tenido más influencia en los disparates que vemos actualmente como obras de arte, el Dadaísmo y Marcel Duchamps con sus readymade y su famoso urinario “La fountaine”,luego aparecieron los performances, el arte conceptual, las instalaciones, los videos y mil maneras de expresión, que como los del movimiento Fluxus decían que todo es arte y que cualquiera puede ser artista, con lo cual personalmente no estoy de acuerdo, para mí un artista tiene que tener unas cualidades innatas y luego desarrollarse y perfeccionarse para una vez maduro desembocar en un estilo propio que le distinga y aporte valores personales en su manera de hacer.

No quiero olvidar la revolución y negativa influencia que todavía se deja notar del Suprematismo de Malevich, al cual muchos copian y emulan descaradamente y algunos jurados, que no saben de la misa la media, los seleccionan como si fuera algo extraordinario y con integrantes en el jurado, profesores en historia del arte, incomprensible, o algún otro emulando a Rothko.

Considero imprescindible para una amplia visión y enjuiciamiento objetivo del arte una cultura y conocimiento de los principales movimientos que se han dado, su razón y su valía, acompañados de los imprescindibles conocimientos prácticos , como son dibujo, perspectiva, composición y colorido, pues por mucha erudición que se posea en historia del arte, sí sólo es teórica se adolecerá de algo básico para juzgar con objetividad ciertas obras de arte y de esa manera, con esas carencias vemos y oímos avalar disparatadamente bodrios monumentales.

Viene pues al caso de lo recientemente expuesto, la falta de formación e incoherencia de ciertos jurados repartidos por toda la geografía mundial.

En cuanto al estado del arte y el interés por el mismo por el público en general es lamentable, debido a la falta de cultura e interés artístico del público, cada vez más alarmante, un pasotismo generalizado, una vida basada en el hedonismo superficial, unas generaciones que prefieren las paredes en blanco, en vez de tener obras de arte que hablan de la cultura y sensibilidad de quien las posee y las exhibe orgulloso en su casa, pero claro para que eso

ocurra y se sienta esa necesidad, hay que inculcarlo desde la infancia y adolescencia y me temo que salvo excepciones no se hace, vivimos en una sociedad que va perdiendo valores desgraciadamente, y esto se manifiesta muy a menudo en un arte degenerado y que será fácilmente desechable.

Por lo que respecta al comentario de los certámenes de pintura rápida, lamento no estar de acuerdo, nunca llegaran a poderse hacer obras de envergadura que requieren de reposo y meditación y más dedicación, pero sí que pondrán de manifiesto la habilidad adquirida en la ejecución y el oficio, habiendo visto estupendas obras, plenas de frescura y expresividad, realizadas en unas horas, resultando verdaderas obras de arte, con el mérito añadido de haberlas resuelto en unas pocas horas.

Para concluir, quiero manifestar claramente que estoy a favor de todos los estilos y realizaciones plásticas, siempre que tengan calidad, el quid de la cuestión es saber apreciar donde está y donde no dicha calidad artística.

Pedro Ortiz Olivas

(Editorial del mes de septiembre de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





Matizaciones sobre surrealismo

14 06 2018

Se habla e identifica en exceso, como corriente artística que se fundamenta en lo onírico y habría que aclarar, que más que los sueños que se tienen durmiendo, harto difíciles de reproducir y plasmar, por no decir imposible, habría que hablar con mucha más propiedad de unas interpretaciones plásticas, entendidas como experiencias cuyo origen parte de un plano distinto al de la vida consciente, que al conocerse y plasmarse, enriquecen el psiquismo.

Tiene para mí, como para el ideólogo André Bretón mucha más importancia el automatismo, es decir, la creación libre y espontánea de la imaginación, la intuición y la atención suspicaz a nuestro inconsciente. André Bretón decía: “El surrealismo es automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, escrito o de cualquier otro modo el funcionamiento real del pensamiento”.

Quizás por la falta de asimilación clara de lo anteriormente expuesto, hay quien no considera a Joan Miró entre los más destacados surrealistas.

Precisamente el surrealismo tuvo sus orígenes en el movimiento Dada, que basaba entre otros principios su ideario y forma de hacer en el automatismo, punto de coincidencia con el surrealismo.

Concluyamos pues, que la palabra clave más apropiada para describir el surrealismo, es con mucho el AUTOMATISMO, y más que de sueños propiamente dichos, cuando se hace referencia a lo onírico, sería más apropiado hablar de ensoñación como “suceso, proyecto, aspiración o cosa que se anhela o se persigue, pese a ser muy improbable que se realice y en el que se piensa con placer”. Y que los surrealistas plasman con plena libertad y automatismo.

Miró decía “yo me dejo sorprender a mí mismo” con sus pinturas plenas de automatismo.

Pedro Ortiz Olivas

(Editorial del mes de octubre de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





La gestión cultural

20 05 2017

Es un tema muy importante para la carrera de un artista y la proyección de su imagen como tal a cotas de importancia nacional o internacional. El gestor cultural es una figura primordial y se le debería dar más importancia, pues de él va a depender que un artista salga del anonimato y se convierta en lo que hoy se denomina un artista emergente.

En los grandes museos y espacios expositivos de relevancia, como podría ser ARCO o algunas galerías importantes, la manera de actuar y decidir quién expone y muestra su obra se podría decir que no es nada democrática y que nada tiene que ver con la calidad de la obra del que lo pretende o solicita; la actuación es más bien autárquica y condicionada por influencias, por intercambio de cromos, por intereses espurios, por influencias varias y por lo que está muy de moda. Está condicionada cada vez con más frecuencia por la importancia de los patrocinadores, es decir entidades que, por intereses comerciales o de imagen, están dispuestas a correr con un elevado porcentaje de los gastos que supone una muestra de cierta relevancia, que no son pocos. Siendo ésta una realidad que muchos conocen por experiencia, es realmente difícil darse a conocer, aun teniendo una obra de estimable calidad y originalidad, mientras que vemos cada vez con más frecuencia, arte basura y efímero, pero que sus autores por distintas circunstancias gozan de buenos sponsors.

Sería necesario democratizar el mundo del arte, donde prime el valor intrínseco de la obra y no el mercantilismo, así como fomentar el coleccionismo y el mecenazgo del cual adolecemos en España y no digamos en Alicante, donde prácticamente no existe, de tal manera que por muy buenas exposiciones que se realicen en los espacios de más prestigio, tienen muy poca repercusión en la carrera de un artista. Es imprescindible salir y buscar nuevos horizontes, donde se pueda ser más visible y reconocido. Nadie es profeta en su tierra y menos sin gestión muy profesional e independiente.

Pedro Ortiz Olivas

(Editorial del mes de junio de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





Consideraciones sobre el mercado del arte actual

7 05 2017

Sería muy prolijo y, por lo tanto, imposible, analizar en pocas líneas todas las vicisitudes que viene sufriendo el mercado del arte desde hace unos años, pero apuntaré alguna de ellas.

A nadie escapa la crisis económica de la última década, y, claro, en tal caso, en lo último que se piensa es en adquirir un producto que es artículo de capricho o lujo. En esa burbuja artística que se vivía hace unos quince años, se salvaron en parte los artistas emergentes, hipervalorados por parte de compradores con fines especulativos primordialmente, pero con precios inferiores a los de la crisis (los especialistas pronostican que en 20 años su cotización descenderá mucho).

Luego están los artistas de precios medios, que son los que más fuertemente han visto reducidas sus ventas, en algunos casos de forma dramática, y por último, los de precios más asequibles, que vieron reducidas sus ventas ligeramente. La razón de ello es obvia: se basa en el poder adquisitivo de los consumidores de arte.

Pero en el consumo de arte por parte de las clases medias e incluso altas ha ocurrido algo, traumático y trascendental, para el descenso del mercado de obras de mediana cotización y aún de las más asequibles: el desinterés por parte de las nuevas generaciones por la cultura artística y el enriquecimiento de sus paredes con obras estimables. Son innumerables las paredes desiertas, en un minimalismo rampante y frío que pasa olímpicamente del arte, y es que toda conducta tiene su porqué, y en mi modesta opinión han cambiado los gustos y la sana ambición de ser poseedor de arte, porque desde hace bastantes años el nivel cultural ha descendido drásticamente, y no digamos el conocimiento artístico, que, salvo honrosas excepciones, es realmente asombroso, incluso en gentes con formación académica superior.

Impera el hedonismo ramplón, la apatía hacia el arte de las nuevas generaciones, pero todos tienen el móvil más avanzado o aspiran a él, adictos e idiotizados.

Pedro Ortiz Olivas

(Editorial del mes de mayo de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





Asimilación de gustos estéticos

26 03 2017

Son muchas las personas que ocupan cargos ejecutivos en entidades con la finalidad de difundir las artes plásticas, que cada vez más y con un carácter impositivo, no siempre compartido por la ciudadanía de a pie, deciden ellos por éstos últimos qué es arte, qué tiene calidad y merece ser difundido y mostrado en museos y distintas instituciones. Y dentro de esta corriente, especialmente el llamado “arte conceptual”, resultado la mayoría de veces de un marketing muy poderoso y bien elaborado y su reflejo en los medios de comunicación, no digamos ya si están en los libros de historia del arte, entonces ya son muchas más personas las que los elevan al cielo de los intocables y de obligada veneración, salvo pecado de ser tachado de inculto o no versado en cuestiones artísticas.

Pues bien, como en botica, hay de todo, y hay gente que no merecería aparecer en los libros o en determinadas exposiciones de gran relevancia, en comparación con otros pobres, que no tuvieron suerte o medios para conseguir la tan ansiada promoción anhelada por todos los artistas, y el resultado final de todo ello es que cada vez más nos quieren imponer unos gustos los prebostes del arte, que nada tienen que ver con la aceptación generalizada del pueblo de estas corrientes pseudoartísticas, actuando de forma dictatorial y en círculos cerrados, viciados e intoxicados por publicaciones totalmente dirigidas por intereses espurios.

Un ejemplo elocuente en Alicante:

Gran afluencia de público a una magnífica exposición de arte realista actual, en la Fundación CAM, que otras exposiciones de tipo conceptual habidas en otros espacios, apenas tuvieron visitantes. La calidad se impone y el boca a boca funciona y mueve a la gente.

Conclusión: no dejemos que nadie, ni personas, ni publicaciones artísticas, decidan por nosotros qué es lo bueno; si es cierto que lo que se hace en arte es reflejo del mundo que vivimos y de sus valores… entonces estamos en franca decadencia.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de abril de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





Sentido y sensibilidad

26 02 2017

Estos dos sustantivos son los que, bajo mi humilde punto de vista, deberían adornar y formar parte de los artistas, y por lo tanto, de sus obras plásticas, e igualmente aplicables para aquellos que se dedican a la gestión de obras, exposiciones, jurados de certámenes, comisarios o curadores, e igualmente a todos aquellas personas, como historiadores, críticos o comentaristas, y aún abundando más, a los amantes del arte que visitan asiduamente museos y colecciones o los que comienzan a formar su pequeña colección de arte.

Cuando hablo de sentido, se puede asimilar con coherencia en lo realizado, expuesto y seleccionado, y para que dicho sustantivo tenga fuerza propia, es ineludible el haber adquirido conocimientos imprescindibles para distinguir muy bien lo mediocre de lo bueno y, dentro de esto último, lo excepcional o lo genial, cosa nada fácil, y sobre todo en las vanguardias varias, donde tanto diletante y advenedizo, que no sabe realizar nada mejor, se esconde en tendencias que requieren poco o ningún virtuosismo, sino sólo atrevimiento apoyado en un demagógico discurso, y aquí entra en juego el término sensibilidad, por el cual se escapan y a la vez se delatan muchos, de cara a muchos espectadores con variopintas formaciones, gustos y sensibilidades. Cierto es que contra gustos no hay disputas, pero es aquí donde críticos y amantes del arte tienen la gran dificultad, en distinguir lo meritorio de lo que no lo es y que en las tendencias más extremas puede resultar esperpéntico, ardua labor para algunos excesivamente intoxicados por ideas extremas y también para aquellos que anclados en su excesivo conservadurismo cierran sus puertas y sensibilidad a nuevas formas de expresión más avanzadas.

Pero si un artista actúa con oficio bien aprendido y dentro de una coherencia evolutiva en el tiempo y por añadidura, pone su alma, sentimientos y sensibilidad, la calidad aflora y se hace evidente, incluso para los no muy avezados, pero aplicando a su vez sentido y sensibilidad, virtudes que desgraciadamente están ausentes en demasiadas ocasiones.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de marzo de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)