Sentido y sensibilidad

26 02 2017

Estos dos sustantivos son los que, bajo mi humilde punto de vista, deberían adornar y formar parte de los artistas, y por lo tanto, de sus obras plásticas, e igualmente aplicables para aquellos que se dedican a la gestión de obras, exposiciones, jurados de certámenes, comisarios o curadores, e igualmente a todos aquellas personas, como historiadores, críticos o comentaristas, y aún abundando más, a los amantes del arte que visitan asiduamente museos y colecciones o los que comienzan a formar su pequeña colección de arte.

Cuando hablo de sentido, se puede asimilar con coherencia en lo realizado, expuesto y seleccionado, y para que dicho sustantivo tenga fuerza propia, es ineludible el haber adquirido conocimientos imprescindibles para distinguir muy bien lo mediocre de lo bueno y, dentro de esto último, lo excepcional o lo genial, cosa nada fácil, y sobre todo en las vanguardias varias, donde tanto diletante y advenedizo, que no sabe realizar nada mejor, se esconde en tendencias que requieren poco o ningún virtuosismo, sino sólo atrevimiento apoyado en un demagógico discurso, y aquí entra en juego el término sensibilidad, por el cual se escapan y a la vez se delatan muchos, de cara a muchos espectadores con variopintas formaciones, gustos y sensibilidades. Cierto es que contra gustos no hay disputas, pero es aquí donde críticos y amantes del arte tienen la gran dificultad, en distinguir lo meritorio de lo que no lo es y que en las tendencias más extremas puede resultar esperpéntico, ardua labor para algunos excesivamente intoxicados por ideas extremas y también para aquellos que anclados en su excesivo conservadurismo cierran sus puertas y sensibilidad a nuevas formas de expresión más avanzadas.

Pero si un artista actúa con oficio bien aprendido y dentro de una coherencia evolutiva en el tiempo y por añadidura, pone su alma, sentimientos y sensibilidad, la calidad aflora y se hace evidente, incluso para los no muy avezados, pero aplicando a su vez sentido y sensibilidad, virtudes que desgraciadamente están ausentes en demasiadas ocasiones.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de marzo de 2017 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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Motivaciones del pintor

2 07 2016

Para mucha gente que pinta, la pintura es solamente una afición para entretenerse. A mí particularmente me molesta que me digan que tengo un bonito hobby, porque yo me siento pintor y artista desde siempre y luchando por ser mejor, por dar a conocer mi obra, por investigar, por evolucionar o crecer como artista, esto último debe de ser la máxima preocupación del pintor sincero y para eso debe de ser muy autoexigente consigo mismo, y estudiar y meditar sobre lo realizado y lo que quiere hacer o comunicar.

En un principio, -es normal- yo era un adolescente cuyo principal objetivo era dominar las dificultades que se planteaban por falta de oficio. Una vez adquirido éste, los derroteros y estilos, así como la temática serán muy distintos, según la personalidad de cada uno. Hay quien quiere plasmar a toda costa las cosas bellas, o mejor aún, hacen bello lo que pintan, independientemente del motivo. Pero hay quien pinta cosas tanto figurativas como abstractas, que no trasmiten nada, y eso es lamentable, peor todavía si por mala ejecución causan rechazo en aquellos que tienen sólidos conocimientos. Si nos piden opinión se debe decir la verdad siempre, pero de forma constructiva explicando aquello que se puede mejorar, cómo y por qué, para no herir sensibilidades, es decir, crítica constructiva.

Por otra parte, hay pinturas que nos trasmiten un mensaje, que nos hablan, que son una llamada de atención, son obras más profundas, para las cuales hay que estar más preparado, son pinturas trascendentes frente a la comercial, aunque sea de calidad, pero más intrascendente, por ser menos creativa. Los grandes genios de la pintura siempre dejaron el academicismo, el preciosismo y lo cambiaron por la fuerza expresiva o el mensaje de la segunda lectura. Por eso para los que nos sentimos pintores, no simples aficionados, estamos ávidos de leer y estudiar a mayor número de artistas de todos los tiempos, somos estudiosos del arte nunca satisfechos con lo que ya sabemos, porque nos damos cuenta de cuanto nos queda por aprender nunca se acaba, y hay que conocerlo todo aunque no nos guste. Así se abrirá nuestro punto de vista y nuestra cultura artística.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de julio de 2016 de la Asociación de Artistas Alicantinos)





El arte de especular

2 07 2016

Es paradójico que cuando estalló la burbuja económica e inmobiliaria mundial, la especulación sostenida sobre el arte contemporáneo de grandes y famosos “artistitas” súper cotizados como Damien Hirst, Jeff Koons, Andy Warhool y otros pocos continuaba y aumentaba la burbuja disparatada de sus cotizaciones y, sin embargo, los artistas modestos no conocidos a estos niveles empezaron a pasarlo muy mal, porque no conseguían vender sus obras. Todo esto obedece a varias razones, como que unos cuantos millonarios idiotas gastaban un dinero obtenido fácilmente y se invertía en arte contemporáneo, más por amor a las plusvalías que pensaban obtener que por verdadero amor al arte, y por añadidura, la mayor parte de estas obras muy cuestionables desde el punto de vista artístico, y cuyas cotizaciones en subastas como la de la casa Sotheby’s estaban con frecuencia manipuladas y sobrevaloradas con pujas promovidas por propietarios de obras de estos autores que no querían ver cómo descendían las cotizaciones de sus obras. Se comenta que de los miles de serigrafías de Andy Warhool, un tal Mugrabi controlaba los precios al poseer alrededor del 9 % de su obra, con lo cual, como los accionistas mayoritarios, tenía en su mano el controlar el mercado (por cierto, Warhool decía que hacer dinero es arte, pero todo empezó a cambiar el 17/10/2008, día en que Sothteby’s tuvo una jornada catastrófica de ventas, y ese año declaró pérdidas de 83 millones de dólares).

Esto es una manifestación de lo prostituido y manipulado que está el mundo del arte contemporáneo, pues el arte clásico no puede cambiar de manos tan fácilmente y raramente se ve a grandes firmas envueltas en esta especulación desbordante. Los culpables son las grandes galerías como White Cube, marchantes elitistas, especuladores millonarios y una avaricia nauseabunda que ha ido encumbrando a unos señores que no tienen una obra que ni de lejos valga las cantidades por las que compran. El mérito y la suerte es haber conseguido meterse en ese mundo de mercantilismo y marketing sofisticado para hacerse multimillonarios. Creo que Warhool tenía razón en lo citado anteriormente.

Todas las burbujas terminan por estallar y esta no será una excepción.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de junio de 2016 de la Asociación de Artistas Alicantinos)