La importancia del color

1 12 2014

Recientemente hice referencia al dibujo como uno de los pilares fundamentales para ser un buen pintor. Pues bien, el otro ineludible es el dominio del color.

La pintura es ante todo colorido. De ahí la imperiosa necesidad de dominarlo para poder expresarnos con toda la magnitud que nos permita nuestra inspiración, nuestros sentimientos, nuestros estados de ánimo, y nuestras habilidades o dominio del oficio.

Los grandes pintores siempre han hecho gala de un gran dominio y riqueza cromática, siendo posible su identificación por la singular personalidad del cromatismo de sus obras. Y esto lo conseguían elaborando sus propios colores, y más modernamente, cuando ya existían los colores industriales, dotándose de una paleta personal, mezclándolos sabiamente, de tal modo que los buenos pintores rarísima vez usan los colores puros tal como salen del tubo, es decir, los matan o quiebran para que no “den el cante” y se crean de un toque personal y de una gama cromática inconfundible.

El dominio del colorido es tan importante que hay pintores que dibujan con el color, o los ha habido muy famosos como Marc Chagall, que no era buen dibujante, que a través de la fuerza de sus colores paliaba las carencias en el dibujo.

También hay determinados temas en los que el dibujo es muy sencillo y, por lo tanto, el color y su acertado manejo tienen todo el protagonismo. Resulta muy sencillo para una persona avezada en el oficio identificar el cuadro de un principiante observando el tratamiento del color, por ejemplo, verdes muy estridentes y otros.

Después de estas consideraciones, uno se queda perplejo ante obras ponderadas donde no hay no dominio del dibujo, ni del colorido. Muchos son los que postularon y pasaron a la posteridad con el lema: “las reglas están para saltárselas”.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de diciembre de 2014 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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Saber desdibujar

24 11 2014

No es hacerlo de cualquier manera, sin coherencia, sin arte, sin armonía, sin fuerza… Para desdibujar con arte, gracia y fuerza, hay que haber dominado muy bien el dibujo clásico. Si no se cubre esa etapa previamente, jamás se desdibujará de la manera que he citado anteriormente, y lo que harán será un dibujo esperpéntico que no se sostiene.

Veo con demasiada frecuencia que muchos que pretenden hacer arte y no dibujan nada bien se escudan diciendo que ellos son expresionistas, o en otros casos, que son naïf, y yo digo que ni lo uno ni lo otro, que no saben dibujar y, por lo tanto, desdibujar con arte, menos.

Lo que perseguían los expresionistas al desdibujar era, al deformar sus figuras o exagerar sus formas, dotar a la representación de mayor fuerza expresiva y emocional, pero las líneas trazadas para conseguirlo estaban llenas de coherencia, cargadas de fuerza, de ritmo y hasta de una deformidad armónica en su conjunto y de unos trazos seguros.

Otro ejemplo lo tenemos en los manieristas como Modigliani, o El Greco, que estilizaban sus figuras con gran estilo y gracia artística. Tanto Goya como Van Gogh fueron magníficos dibujantes, que en etapas posteriores desdibujaron con gran arte sus realizaciones y las dotaron de más fuerza y sentimiento, pero había coherencia en sus trazos. Hasta en el cubismo bueno como el de Juan Gris se descubre un gran dibujante, como en el retrato que le hizo a Picasso de forma analítica y se le distingue perfectamente.

Como colofón diré que el que no sabe es como el que no ve, y son muchos los que no ven que su dibujo no se sostiene porque todavía no cubrieron la etapa del bien hacer.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de noviembre de 2014 de la Asociación de Artistas Alicantinos)