Lo primordial en la obra de arte

20 02 2020

Mucha gente que se acerca a contemplar, admirar, enjuiciar y recrearse con la contemplación de distintas obras de arte, se encuentran con la dificultad, nada despreciable, de saber valorar bien lo que se presenta ante sus ojos, ya sea pintura en sus distintas modalidades, óleos, acuarelas, temperas, técnicas mixtas, o bien en fotografía (cada vez más en boga y con más posibilidades técnicas de transformación), y desde luego, en escultura y otras formas de expresión vanguardistas, como arte conceptual, instalaciones o performances, etc.

Pues bien, como el dibujo y la pintura, como otras manifestaciones plásticas, son un medio de comunicación y de expresión con el que el artista plástico desea comunicar algo y establecer un dialogo sordo con el espectador, independientemente del motivo que ha llevado al autor a realizar determinada obra (simplemente decorativo, que quede bonito, o trasmitir emociones más sutiles, como alegría, rabia, desesperación, o denuncia de hechos acaecidos o injusticias varias, o sentimientos intimistas, de poética plástica e incluso lenguaje metafísico, o incluso exaltación de algún hecho reseñable por su importancia histórico cultural, etc, existen muchos aspectos para valorar la obra que tenemos delante, como podría ser composición, equilibrio, luces, dibujo, perspectiva, cromatismo, armonía, belleza, dificultad de la ejecución y oficio necesario para llevarla a término de forma satisfactoria, etc, muchos parámetros de valoración como veis, pero por encima de todos, ya sea de la época que sea, y del estilo más clásico al más vanguardista, en cualquiera de sus modalidades plásticas, siempre estará la FUERZA EXPRESIVA, que independientemente de las inmaculadas realizaciones, realistas o hiperrealistas o de las heterodoxas imperfecciones, de otros estilos más vanguardistas, como postimpresionismo, expresionismo, dadaísmo, cubismo, surrealismo, futurismo, simbolismo, arte gestual, fluxus o cualquier otra forma, que sea una mezcla de varias de las anteriores, la capacidad de comunicación y motivar sentimientos de todo tipo , ya sea exaltación de algo bello o todo lo contrario, pero que nos hace reaccionar ante lo contemplado, aunque sea con rabia o con pena, o bien con sosiego, si sentimos algo es porque el artista ejecutor de dicha obra, ha conseguido conmovernos a través de la expresividad y fuerza de su realización y si además lo hace de forma original, estaremos ante una obra de arte. Por el contrario si tras una pausada contemplación, no nos trasmite nada o rechazo ante lo insostenible bajo cualquier punto, estamos ante la típica tomadura de pelo, que tanto abunda, apoyada por el marketing de sofisticados defraudadores, enemigos de la verdad y del arte auténtico.

Pedro Ortiz


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