Sobre la abstracción

23 07 2014

No se puede, de una manera honrada y madura, llegar a practicarla de buenas a primeras, sin haber pasado primero por el obligado dominio de las formas clásicas y sus técnicas, de dibujo, perspectiva, colorido, composición, etc. Porque de lo contrario estaríamos mintiendo al personal y a nosotros mismos. Para llegar a ella de una forma coherente, sincera y madura se necesitan muchos años de práctica, de lecturas, de estudio, de investigación, y de dotes de creador unidas al sentimiento sincero de amar este lenguaje y de tener algo que trasmitir, porque si -como hacen muchos- se limitan a emborronar, lo que obtendremos será un bodrio, un pastiche infumable, de los del todo vale si se puede vender con un buen marketing, y no es eso.

Realizar un abstracto con sentimiento, con un lenguaje personal y con unas ideas que trasmitir al personal espectador, es tanto más difícil que recrear una figuración, si se dispone de las habilidades del oficio a las que antes me refería.

Y de igual manera, es harto complicado para los espectadores llegar a penetrar en el mundo de la abstracción y disfrutar con su contemplación. Es una tarea ardua, que también nos llevará años de ver, estudiar y contemplar multitud de nuevas formas de la plástica, que están encriptadas por lenguajes muy personales y que parten muchas veces del subconsciente, y por cierto, muchas veces el público, incluso los supuestos entendidos, atribuyen a este tipo de realizaciones, visiones o interpretaciones que nada tienen que ver con las intenciones últimas del autor.

Para empezar y terminar, no pretendan comprender todas las sutilezas que el autor quiso expresar. Eso de: “Es que yo no lo entiendo” es un craso error. Este tipo de arte hay que sentirlo, y para hacerlo mejor y de una forma más cercana a lo que quiso trasmitirnos el autor, guiarnos en lo posible del título, si es sugerente sobre la obra, del lenguaje de su trayectoria y de los escritos aclaratorios sobre la misma, que aunque el autor no necesariamente deba de darlos, no es mala cosa que lo haga, pues si no es capaz de hablarnos de nada acerca de su obra, malo, estaremos ante el antiarte.

Y por supuesto, aunque no lleguemos a las recónditas profundidades de su expresión plástica, si hay un mínimo de sensibilidad y de calidad en la obra, ésta nos debe de trasmitir alguna emoción. Si nos deja impasibles y fríos, digamos que no estamos ante una buena realización, y mucho ojo que hay mucho diletante y listo bien arropado.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de junio de 2014 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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