Los toros y la pintura

6 05 2014

En estos días, en los cuales tanto se denosta la Fiesta Nacional, bien vale que alguien rompa una lanza a favor de tan bello y plástico espectáculo.

Muchos han sido los pintores, intelectuales y escritores de prestigio internacional que han defendido los toros. Citaré, a modo de ejemplo, pintores como Goya, Sorolla, Solana, Zuloaga, Picasso, etc. Escultores como Mariano Benlliure, escritores como Ernest Hemingway, Lorca, y un largo etc. Gente de contrastada sensibilidad, tanto artística como intelectual, y totalmente alejados de la brutalidad y el deseo de exaltar el sufrimiento como abogan los antitaurinos.

Los taurinos amamos al toro, y lo consideramos uno de los animales más bellos, igual que el caballo, y gracias a nuestra Fiesta, esta bella raza todavía prevalece. Sin ella, se habría extinguido.

Y desde el punto de vista de un pintor aficionado a los toros, es un tema precioso para inmortalizar momentos de sublime belleza, cuando hay una conjunción y entendimiento entre el toro y el torero, cuando se está trasmitiendo con sentimiento, con “pellizco” en argot taurino, algo tan bello, sublime y etéreo, que es difícil de explicar, a los que no sienten este arte, y son momentos mágicos, segundos o minutos en el mejor de los casos, que ya no se repetirán. Es un arte fugaz, que sólo permanece en el recuerdo, en fotos o en bellos cuadros, llenos de plasticidad y color.

Es éste un género muy difícil de interpretar bien, pues hay que dominar dibujo, anatomía (tanto humana como del animal) y colorido. Todo ello bien conjuntado, y para hacerlo bien, resulta casi imprescindible ser entendido y aficionado, si no, se pueden cometer errores aberrantes, pero cuando todo ello está en conjunción, es como si el pintor realizase una faena que perdurará en sus cuadros a través de los siglos.

Y aunque hay pintores especializados exclusivamente en este tema y son extraordinarios, casi me gustan más aquellos que tocan el tema no exclusivamente, porque no llegan a hacer una pintura estereotipada, que por el gran dominio de un género y soltura en él pueden llegar a convertirse en pinturas comerciales de género taurino, como les pasa a muchos especialistas en este tema.

Así pues vaya un olé, olé y olé. Por la Fiesta y su belleza plástica.

Pedro Ortiz

(Editorial del mes de mayo de 2014 de la Asociación de Artistas Alicantinos)

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